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Fernando Pérez.


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María y la Esperanza

Ese día, la parte más oscura
de los nobles planetas que pululan
entre sueños sorprendidos
anunciaron sórdidos lamentos
y enrevesados límites del llanto
envueltos en matices de cientos de preguntas.
María sintió el frío inquietante
de las rosas marchitas
del incierto futuro que se oculta
que va y viene.
Amenazante y triste la nostalgia
se cuela en sus huesos
con los colores propios de una ausencia.
Quiso salir corriendo
hacia ningún lugar concreto
y sus pies no lograron articular los pasos precisos.
Se postró pensativa
con un vacío gélido en su alma.
Ella, mi María que siempre supo amar sin recompensa
se recostó en sus pocas alegrías
como queriendo preguntar
al dueño del amor por qué no tuvo suerte
en las luces de invierno
y por qué los sentimientos bellos
huían a otros brazos que no amaba.
Aún así, con la mirada firme
se resistió a pensar que el fin del amor era la nada,
esa nada que entre barrotes negros
se arrodilló en su ser queriendo atenazarla.
Pero María siempre odió los falsos cantos
de los hombres grises
pretendientes amorfos y anodinos
de su cuerpo celeste y bandolero.
María fue siempre especial
para esconder en sus entrañas
las dudas y sus recíprocas angustias,
Sin embargo supo acallar los ruidos
que insistentes regresaban para atarla a sus miedos,
a sus noches llenas de desvelos.
Yo sabía todas estas cosas
pero las guardaba en esa parte del corazón
accesible solo al Dios de la esperanza.
Ella era consciente que en los límites del odio
el arco iris pierde sus colores
y la paz se hace imperceptible.
María no esquivó nunca la bondad
ni puso orden en el caos de la suerte
tan adversa, tan tramposa, tan esquiva.
Esa suerte mala, inoportuna
que se presenta beligerante y agresiva.
Pero aún así María siempre hizo
de la esperanza un norte posible,
un punto cardinal ineludible.
Eso la hacía invencible
y la derrota nunca ocupó un lugar destacado
en sus esencias de mujer.
Yo la siento y la quiero pero me resisto
a perecer en el mar tormentoso de los amores
náufragos e inciertos de primaveras perdidas.
Por eso insisto en que María no es el tiempo y
si la esperanza viva de mis sueños.


Fernando Pérez.

Copyright © Todos los derechos reservados.

Publicado el: 21-03-2014
Última modificación: 00-00-0000


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