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Julio Serrano Castillejos


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Estos mis tiempos

Estos mis tiempos con fervores
de los suspiros de mis años idos
de mi pueblo de altas casas
de jardines tan frondosos
y de horas como agua derramada
en verdad por siempre hermosos
como aquellos melancólicos plumajes
de las aves cantadoras
de mis sueños siempre dulces
de destellos y nuevos amoríos.

Cuanto pan apetecido,
en las bocas tristes
cuando quise
regresar tal vez cansado al nido,
cuantos mirlos en la sala de mi casa
anidando en mi ventana
y mi abuela con sus canas
en su hamaca prolongaba las mañanas
con su tasa de café y
rosquillas endulzadas.

Las campanas de la iglesia solariega
se escuchaban a lo lejos y a través
de los espejos se peinaban las muchachas
y en las tardes los quinqués
perfumaban el ambiente. En las noches
las luciérnagas deambulaban
despaciosas por las rosas
y también se tambaleaban
con donaire, las nieblas vagas.

Estos mis tiempos de congojas,
de bostezos y de abrazos,
de tropiezos y a veces de caídas de las hojas
que se endulzaban con el viento
y las efemérides del tiempo,
de ese tiempo de grandeza
de mi tierra amada, de mi tierra de contento…
de un solar amado … tan ajeno y tan mío
y las damas cuando bailan
al compás del son bravío.


Julio Serrano Castillejos

Copyright © Todos los derechos reservados.

Publicado el: 13-11-2019
Última modificación: 13-11-2019


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Estos mis tiempos

Estos mis tiempos con fervores
de los suspiros de mis años idos
de mi pueblo de altas casas
de jardines tan frondosos
y de horas como agua derramada
en verdad por siempre hermosos
como aquellos melancólicos plumajes
de las aves cantadoras
de mis sueños siempre dulces
de destellos y nuevos amoríos.

Cuanto pan apetecido,
en las bocas tristes
cuando quise
regresar tal vez cansado al nido,
cuantos mirlos en la sala de mi casa
anidando en mi ventana
y mi abuela con sus canas
en su hamaca prolongaba las mañanas
con su tasa de café y
rosquillas endulzadas.

Las campanas de la iglesia solariega
se escuchaban a lo lejos y a través
de los espejos se peinaban las muchachas
y en las tardes los quinqués
perfumaban el ambiente. En las noches
las luciérnagas deambulaban
despaciosas por las rosas
y también se tambaleaban
con donaire, las nieblas vagas.

Estos mis tiempos de congojas,
de bostezos y de abrazos,
de tropiezos y a veces de caídas de las hojas
que se endulzaban con el viento
y las efemérides del tiempo,
de ese tiempo de grandeza
de mi tierra amada, de mi tierra de contento…
de un solar amado … tan ajeno y tan mío
y las damas cuando bailan
al compás del son bravío.


Julio Serrano Castillejos

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Publicado el: 13-11-2019
Última modificación: 13-11-2019


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