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Carlos Cañas


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El príncipe de las estrellas.

El príncipe de las estrellas.

Soñé que había visto a un príncipe bajar de una estrella lejana, una estrella inmensa de nuestro cielo argentino. Cayó en la tierra con paso firme y erguido, caminaba con las sombras que la luna reflejaba en un lago cristalino.

Sus ojos negros profundos proyectaban el universo; vestía una fina túnica blanca amalgamando los colores del arco iris; cubría su cabello de sol puro brillante, una corona resplandeciente como un loto de mil pétalos que hablaba de su majestad; una espada en su mano de hoja brillante inverosímil, enroscada como una serpiente flamígera con el poder de revivir a todos los muertos de la tierra; en el pecho un medallón llameante como un corazón latiendo luz: adornando una joya azul como lo profundo del mar y cielo, una rosa en medio hablaba de amor junto a un dorado brillante formaban la triple llama como símbolo del infinito.

Bajó tres veces a la tierra, con una bolsa de semillas que escondió en una cueva, un ramo de rosas blancas que dejó en jardín mas hermoso conocido. Después agito su espada tres veces antes de clavarla al cielo, y cuando estuvo llena de luz la metió en su pecho etéreo palpitante como galaxia gigante.


Bajó la última vez y habló con la profundidad del mar y la luminosidad de un cometa: “Así sea, he venido triunfante de la muerte”. Se quito su estupendo ropaje de estrellas, levantó su corona y corazón a los Dioses y así desnudo se disfrazó amargamente de carne y sangre, esperando recordar su promesa de eternidad. Se oyó al fondo el suave llanto de un niño, susurró suavemente “somos uno” y con una lágrima cristalina que corrió como río de plata desde sus ojos profundos hasta la tierra, los parpados cerró.

Ahora esta sólo y herido, pensando en la princesa que triste esta de esperar en algún castillo de ensueño. Vive para recordar su herencia infinita.


Carlos Cañas

Copyright © Todos los derechos reservados.

Publicado el: 22-03-2004
Última modificación: 00-00-0000


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El príncipe de las estrellas.

El príncipe de las estrellas.

Soñé que había visto a un príncipe bajar de una estrella lejana, una estrella inmensa de nuestro cielo argentino. Cayó en la tierra con paso firme y erguido, caminaba con las sombras que la luna reflejaba en un lago cristalino.

Sus ojos negros profundos proyectaban el universo; vestía una fina túnica blanca amalgamando los colores del arco iris; cubría su cabello de sol puro brillante, una corona resplandeciente como un loto de mil pétalos que hablaba de su majestad; una espada en su mano de hoja brillante inverosímil, enroscada como una serpiente flamígera con el poder de revivir a todos los muertos de la tierra; en el pecho un medallón llameante como un corazón latiendo luz: adornando una joya azul como lo profundo del mar y cielo, una rosa en medio hablaba de amor junto a un dorado brillante formaban la triple llama como símbolo del infinito.

Bajó tres veces a la tierra, con una bolsa de semillas que escondió en una cueva, un ramo de rosas blancas que dejó en jardín mas hermoso conocido. Después agito su espada tres veces antes de clavarla al cielo, y cuando estuvo llena de luz la metió en su pecho etéreo palpitante como galaxia gigante.


Bajó la última vez y habló con la profundidad del mar y la luminosidad de un cometa: “Así sea, he venido triunfante de la muerte”. Se quito su estupendo ropaje de estrellas, levantó su corona y corazón a los Dioses y así desnudo se disfrazó amargamente de carne y sangre, esperando recordar su promesa de eternidad. Se oyó al fondo el suave llanto de un niño, susurró suavemente “somos uno” y con una lágrima cristalina que corrió como río de plata desde sus ojos profundos hasta la tierra, los parpados cerró.

Ahora esta sólo y herido, pensando en la princesa que triste esta de esperar en algún castillo de ensueño. Vive para recordar su herencia infinita.


Carlos Cañas

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