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CONCHA LÓPEZ


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Diario de contradicciones

¿NUNCA MÁS?

Una pregunta a la que sólo podré contestar cuando llegue el fin de mis días, porque, de cada cosa que hago, seguro que siempre habrá algo de lo que deba arrepentirme. Pero en mi filosofía no cabe el arrepentimiento como tal porque, si así fuese, tendría incluso que arrepentirme de haber vivido. Y de eso creo que nunca me arrepentiré. Podría sentir desasosiego por meter la pata tan insistentemente en situaciones en las que debería haber actuado con más cordura, pero ni eso. Todo lo que me duele, me duele por haberlo hecho fuera de lugar, de tiempo y de contexto. Si algo me consume las entrañas es esa maldita manía que tiene el azar de poner delante de mí todo lo que me está vetado. El azar no es responsable, ya lo sé, porque de mí depende hacer frente a todo lo que él va poniendo en mi camino, pero es muy difícil saber escoger lo correcto. Parece mentira que de una mente tan analítica puedan salir hechos tan visiblemente irreflexivos pero la verdad es que de poco me ha servido en la vida analizar minuciosamente cuanto voy haciendo porque parece que, al final, ni aún sabiendo las causas y consecuencias de cuanto va saliendo de mis manos, soy capaz de dar marcha atrás cuando aún estoy a tiempo.
Y, evidentemente, todo dentro de mí se mueve en la dualidad extrema de lo permitido y de lo prohibido, del blanco y del negro, de lo cierto y de lo falso, de la lealtad y de la traición , de la alegría y de la pena, de la madurez y de la inmadurez, de lo correcto y de lo incorrecto, de la sabiduría y de la ignorancia, de lo perfecto y de lo imperfecto, de la cordura y de la locura, del valor y del miedo, de la humildad y del orgullo, de la consciencia y de la inconsciencia, de la realidad y del sueño, de lo finito y de lo infinito, de la dulzura y de la amargura, de la memoria y del olvido, del amor y del odio, de la competencia y de la incompetencia, de la esperanza y de la desesperación, de la luz y de la sombra, de la risa y del llanto, del acierto y del error, del bien y del mal, del éxito y del fracaso, de la clarividencia y de la ceguera, de la paciencia y de la ansiedad, de la seguridad y de la incertidumbre, de la generosidad y del egoísmo, de la libertad y de la esclavitud, de la abundancia y del hambre, de la calma y de la tempestad, de la compañía y de la soledad, del principio y del fin, ...DE La VIDA Y DE La MUERTE. Y de todas esas cosas que siempre veré positivas o negativas dependiendo del tiempo y del espacio en que las esté viviendo.
Esta entrega apasionada a todo cuanto emprendo y me rodea no entiende de caminos intermedios. Voy andando por la vida y llenando, con cada paso, la conciencia de injustas justificaciones que me ayuden a dar sentido a las muchas cosas de las que debería, tal vez, arrepentirme pero de las que, al contrario, me siento orgullosa.
Debo volver la vista atrás y recoger el fruto de mi trabajo. No sé cómo valorarlo. No sé se tiene valor. Doy todo y recibo todo pero siempre me parece que doy poco y que es poco lo que recibo. Puede que nunca sea capaz de entender que no todos los errores son fracasos ni todos los aciertos son éxitos. Puede que nunca consiga esa perfección que de mí se espera en el saber ser y en el saber estar. Puede que nunca sea capaz de guardar y cerrar con siete candados lo que siento por las personas a las que quiero. Puede que para mí el tiempo nunca sea AHORA ni el espacio sea AQUÍ…
Pero NUNCA es demasiado tiempo y, de aquí a la eternidad, me seguiré columpiando en la cuerda floja de la vida, al límite del riesgo de perderlo o ganarlo todo, sin saber si un paso adelante es el premio o el castigo y un paso atrás la cadena o la liberación. De lo que sí estoy segura es que seré capaz de sobrevivir, para bien o para mal, en la memoria de mucha gente, aunque a mucha gente le produzca lástima, dolor o malestar recordarme.
Y por si a alguien sirve para acallar la conciencia y el miedo a perder lo que, quizás, nunca tuvo:

PERDÓN por la insistencia,
PERDÓN por la inconstancia,
PERDÓN por la incoherencia,
PERDÓN por la interferencia,
PERDÓN por la incertidumbre,
PERDÓN por la insolvencia,
PERDÓN por la irreverencia,
PERDÓN por la osadía,
PERDÓN por la arrogancia,
PERDÓN por el egoísmo,
PERDÓN por la deslealtad,
PERDÓN por la mentira,
PERDÓN por la ignorancia,
PERDÓN por la desesperación,
PERDÓN por el olvido,
PERDÓN por la cobardía,
PERDÓN por la locura,
PERDÓN por la amargura,
PERDÓN por la inmadurez,
PERDÓN por la incorrección,
PERDÓN por el miedo,
PERDÓN por la inconsciencia,
PERDÓN por el odio,
PERDÓN por la incompetencia,
PERDÓN por el llanto,
PERDÓN por el error,
PERDÓN por el fracaso,
PERDÓN por la ceguera,
PERDÓN por la ansiedad,
PERDÓN por la ausencia,
PERDÓN por... todos los defectos y virtudes que me han venido dados y por los que he ido adquiriendo y que NUNCA he sabido utilizar para ser feliz y hacer felices a algunas personas que, seguramente, de buen grado habrían dado más de lo que tienen sólo por verme sonreír.
Y, en fin, PERDÓN por haber vivido, acertada o equivocadamente pero, en esencia, POR VIVIR.

NUNCA seré capaz de renunciar a la belleza de cuanto me entra por los sentidos.


CONCHA LÓPEZ

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Publicado el: 13-09-2009
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Diario de contradicciones

¿NUNCA MÁS?

Una pregunta a la que sólo podré contestar cuando llegue el fin de mis días, porque, de cada cosa que hago, seguro que siempre habrá algo de lo que deba arrepentirme. Pero en mi filosofía no cabe el arrepentimiento como tal porque, si así fuese, tendría incluso que arrepentirme de haber vivido. Y de eso creo que nunca me arrepentiré. Podría sentir desasosiego por meter la pata tan insistentemente en situaciones en las que debería haber actuado con más cordura, pero ni eso. Todo lo que me duele, me duele por haberlo hecho fuera de lugar, de tiempo y de contexto. Si algo me consume las entrañas es esa maldita manía que tiene el azar de poner delante de mí todo lo que me está vetado. El azar no es responsable, ya lo sé, porque de mí depende hacer frente a todo lo que él va poniendo en mi camino, pero es muy difícil saber escoger lo correcto. Parece mentira que de una mente tan analítica puedan salir hechos tan visiblemente irreflexivos pero la verdad es que de poco me ha servido en la vida analizar minuciosamente cuanto voy haciendo porque parece que, al final, ni aún sabiendo las causas y consecuencias de cuanto va saliendo de mis manos, soy capaz de dar marcha atrás cuando aún estoy a tiempo.
Y, evidentemente, todo dentro de mí se mueve en la dualidad extrema de lo permitido y de lo prohibido, del blanco y del negro, de lo cierto y de lo falso, de la lealtad y de la traición , de la alegría y de la pena, de la madurez y de la inmadurez, de lo correcto y de lo incorrecto, de la sabiduría y de la ignorancia, de lo perfecto y de lo imperfecto, de la cordura y de la locura, del valor y del miedo, de la humildad y del orgullo, de la consciencia y de la inconsciencia, de la realidad y del sueño, de lo finito y de lo infinito, de la dulzura y de la amargura, de la memoria y del olvido, del amor y del odio, de la competencia y de la incompetencia, de la esperanza y de la desesperación, de la luz y de la sombra, de la risa y del llanto, del acierto y del error, del bien y del mal, del éxito y del fracaso, de la clarividencia y de la ceguera, de la paciencia y de la ansiedad, de la seguridad y de la incertidumbre, de la generosidad y del egoísmo, de la libertad y de la esclavitud, de la abundancia y del hambre, de la calma y de la tempestad, de la compañía y de la soledad, del principio y del fin, ...DE La VIDA Y DE La MUERTE. Y de todas esas cosas que siempre veré positivas o negativas dependiendo del tiempo y del espacio en que las esté viviendo.
Esta entrega apasionada a todo cuanto emprendo y me rodea no entiende de caminos intermedios. Voy andando por la vida y llenando, con cada paso, la conciencia de injustas justificaciones que me ayuden a dar sentido a las muchas cosas de las que debería, tal vez, arrepentirme pero de las que, al contrario, me siento orgullosa.
Debo volver la vista atrás y recoger el fruto de mi trabajo. No sé cómo valorarlo. No sé se tiene valor. Doy todo y recibo todo pero siempre me parece que doy poco y que es poco lo que recibo. Puede que nunca sea capaz de entender que no todos los errores son fracasos ni todos los aciertos son éxitos. Puede que nunca consiga esa perfección que de mí se espera en el saber ser y en el saber estar. Puede que nunca sea capaz de guardar y cerrar con siete candados lo que siento por las personas a las que quiero. Puede que para mí el tiempo nunca sea AHORA ni el espacio sea AQUÍ…
Pero NUNCA es demasiado tiempo y, de aquí a la eternidad, me seguiré columpiando en la cuerda floja de la vida, al límite del riesgo de perderlo o ganarlo todo, sin saber si un paso adelante es el premio o el castigo y un paso atrás la cadena o la liberación. De lo que sí estoy segura es que seré capaz de sobrevivir, para bien o para mal, en la memoria de mucha gente, aunque a mucha gente le produzca lástima, dolor o malestar recordarme.
Y por si a alguien sirve para acallar la conciencia y el miedo a perder lo que, quizás, nunca tuvo:

PERDÓN por la insistencia,
PERDÓN por la inconstancia,
PERDÓN por la incoherencia,
PERDÓN por la interferencia,
PERDÓN por la incertidumbre,
PERDÓN por la insolvencia,
PERDÓN por la irreverencia,
PERDÓN por la osadía,
PERDÓN por la arrogancia,
PERDÓN por el egoísmo,
PERDÓN por la deslealtad,
PERDÓN por la mentira,
PERDÓN por la ignorancia,
PERDÓN por la desesperación,
PERDÓN por el olvido,
PERDÓN por la cobardía,
PERDÓN por la locura,
PERDÓN por la amargura,
PERDÓN por la inmadurez,
PERDÓN por la incorrección,
PERDÓN por el miedo,
PERDÓN por la inconsciencia,
PERDÓN por el odio,
PERDÓN por la incompetencia,
PERDÓN por el llanto,
PERDÓN por el error,
PERDÓN por el fracaso,
PERDÓN por la ceguera,
PERDÓN por la ansiedad,
PERDÓN por la ausencia,
PERDÓN por... todos los defectos y virtudes que me han venido dados y por los que he ido adquiriendo y que NUNCA he sabido utilizar para ser feliz y hacer felices a algunas personas que, seguramente, de buen grado habrían dado más de lo que tienen sólo por verme sonreír.
Y, en fin, PERDÓN por haber vivido, acertada o equivocadamente pero, en esencia, POR VIVIR.

NUNCA seré capaz de renunciar a la belleza de cuanto me entra por los sentidos.


CONCHA LÓPEZ

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Publicado el: 13-09-2009
Última modificación: 00-00-0000


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