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Jorge del Rosario


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SU PRESENCIA



La verdad es que estaba nervioso, intranquilo, inseguro.Su nombre era Sa.
Habíamos coincidido 2 días antes de la cita, casualmente y nuestras miradas se hicieron cómplices.
Yo noté algo en su mirada que me recordó a otros intercambios oculares anteriores, años antes, pero de los cuales no salió ninguna relación fuera de lo habitual en el trabajo.
Pero, evidentemente, su sonrisa, sus risas, sus carcajadas, por un instante me devolvieron una sensación de bienestar que hace tiempo había perdido.
Hablamos y quedamos para cenar y guitarrear un rato.
La esperaba ansioso y al anochecer me pareció oír el motor de un coche justo en la puerta de mi casa.
Extraño fue que mi perro no ladró.Es mas ni se inmutó cuando abrí la verja de la terraza para que entrara.
Una vez allí, nos servimos una copa y tocamos varias canciones de Mercedes Sosa, Chalchaleros, Fronterizos....y repetimos como 10 veces Valderrama, que nos salía espectacular.
Era la hora de cenar, salimos y en el camino rozábamos los hombros sin atrevernos a articular palabra alguna.
Cenamos en silencio, mirándonos continuamente a los ojos. Me parecía leer en sus pupilas el mismo deseo que desprendían las mías.
A seguir el plan que había trazado ilusionado para la noche de los dos. Recorrimos unos kilómetros en mi coche e incapaces de tomar una iniciativa, como dos quinceañeros llegamos en silencio al pub donde se disfrutaba de cerveza y música en directo. Un trago cada uno y sentir la necesidad de volver a casa, pues aunque el ambiente estaba muy agradable,buscabamos mas intimidad.
Eso hicimos. Bastó con una mirada cómplice y una sonrisa para que nos dirigiéramos a la puerta del local y de alli al coche. Pero con las manos unidas delicadamente, como si nos fuéramos a hacer daño.
De vuelta a casa, durante el trayecto, las manos se apretaron cada vez mas.
Mas y mas. Aprovechando una enorme recta,sin vehículos de frente, me acerqué a su cara y la besé durante tres segundos.
Aumentaba la frecuencia cardíaca y solo la entrada en la urbanización devolvió a mi corazón el ritmo normal
Aparqué mi coche frente a la puerta de mi casa. me llamó la atención que no estaba el suyo.
Mas me llamó la atención que al abrir la puerta el perro ni se movió. Ni ladró ni corrió como otras veces ante la presencia de cualquier visitante.
Entramos en casa.
Me dirigí a mi habitación desde donde se oía persistentemente un sonido bip bip del teléfono.
Lo descolgué y una voz parecida a la de Sa decía:
"Cielo, hoy no podré ir a cenar contigo. Me surgió algo que no puedo dejar de hacer
y luego me iré a dormir.Mañana te doy un toque"
Fui al salón. Ella no estaba.
Entonces comprendí por qué su coche no estaba y por qué el perro no ladró.
Nunca estuvo.
Su olor, que permanecía en cada bocanada de aire que yo respiraba, me engañó.
Y ella también.


Jorge del Rosario

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Publicado el: 29-07-2005
Última modificación: 00-00-0000


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