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Carlos Cañas


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Sueño con un canto de Ave.





Revolotea un pájaro de oro puro, ojos de rubí y alas tejidas en líneas redondeadas, como hecho por un maestro de la orfebrería. Se mueve y no es una maquina: como comúnmente se pensaría; sería entonces una maravilla de la vida, pues nunca se ha visto semejante cosa volando entre los árboles de pino que tienen estrellas cantando en la punta.

Que raro, porque no hay árboles con estrellas cantoras y sólo los niños tienen sueños así de raros y hace ratos que ya no hay niños por aquí. De todas formas estoy viendo a un pájaro de oro trinar una melodía feliz y una estrella bailar como corona de un pino. He de soñar entonces, como soñé aquella vez con aquel caballo blanco y con el dragón que quería devorarme y casi lo logra,- si que me escapé ese día, de suerte que me caí en el abismo que tenía enfrente. -Menos mal-.

El pájaro se acerca como para decirme algo en secreto y con su pico de alborada multicolor, multiplicando infinitamente las escalas coloridas, me dice: despierta, que lo de aquí es real, lo que dejas allá es fantasía. -¡Qué! No digas semejante barbaridad pájaro extraño (le dije asustado) como que no te das cuenta que sé que estoy soñando, pero me divierte no sabes cuanto
- ¿Que es lo que te divierte? -me dijo entonando nuevamente su voz de arpa de colores-

-Pues esas cosas raras que me cuentas: me hablas de esta realidad como si fuera la verdad y yo no te creo. Es más, cuéntame mejor otro relato que eso de conocer otros mundos ya está medio trillado, yo ya no me extraño de nada, ¿me entendiste pájaro dorado de pico de colores?

El pájaro abrió sus alas dejando ver un medallón también de oro puro pero con unos símbolos extraños nunca vistos por mí ni en mis más extraños sueños. Bueno era algo nuevo que de verdad no había visto, era asombroso: el pecho del pájaro entonaba una melodía de luz que dejaba ver los dibujos en notas finas, eran las notas musicales en arpegios cristalinos y no era eso algo creíble, pero en fin, en un sueño suceden toda clase de cosas extrañas.

-Te obsequio mi medallón –me susurró al oído-

-Bueno de todas formas esto no me lo llevo para mi mundo te lo digo con sinceridad, -seguro sería rico con un invento de estos pensé adentro de mí-
Gracias, eres un pájaro regalón y simpático. De todas formas no hay medallones que cantan – pensé en mis adentros-.

Después de colocarme el medallón cantor que cantaba con luz en mi pecho, sin saber porqué me sentí feliz, era un regalo en un sueño y a lo mejor al soñar de nuevo me lo podía colgar otra vez cerca del corazón (no se porque tuve esa vibrante sensación).

Me voy dijo el pájaro, que un gran pájaro negro me busca y no quiere que regale medallones cantores que entonan alegría. El no sabe de estas cosas, sabe demasiadas tonterías como para gozar de mis regalos.

Caminado feliz por el bosque, (El de los pinos con estrellas en la punta) me encontré con un pájaro negro inmensamente grande y de apariencia fiera, no obstante era bello, contrario a lo que se me hubiera ocurrido para tal clase de animal. Me miró con dos grandes ojos brillantes y me pregunto: -¿Has visto por casualidad un pequeño pájaro dorado?

-No, le dije – protegiendo desde luego a mi amigo pequeño, porque este pájaro sin duda se lo quería comer.-

-Mientes, ¿que nadie te enseño a decir la verdad? Yo digo siempre la verdad, Yo siempre tengo la razón ¿me has entendido?; aunque no te guste me oyes.- gritando en graznidos espeluznantes que de cierto me llenaron de miedo.

Bueno, dije yo temblando un poco.- después de la experiencia de la persecución del Dragón me quedaban pocas ganas de enfrentarme a otra cosa así de temible.- esta bien, como tu digas, pareces que eres el que manda por aquí ¿no es así?

-Así es, -con soberbia suprema- Yo mando aquí y tomo la forma que quiero y cuando quiero.

Me pareció extraño lo que dijo el pájaro y me pregunté que había sido del pequeño pajarillo, a lo mejor este pájaro se había transformado en algún insecto si era cierto lo que decía y había engañado al gorrioncillo dorado.

Bueno señor de estas tierras – le dije para quedar bien por supuesto-

-Sí, respondió, ¿que quieres saber?

-¿Para que me preguntas si encontré a la pequeña ave en mi camino? – Este tipo sin duda me va a gritar otra vez y ya no lo quiero oír, pensé.

Es molesto y nadie manda aquí más que yo – graznó el pájaro.

-Bueno ya es hora de despertar -le dije con firmeza- ya me tengo que ir.

- Adonde quieres ir ingenuo, (cómo que sabía con certeza que el pajarillo me había hecho un regalo) si me tienes que devolver ese medallón que llevas puesto.-

- ¿Cual?, - disimulando un poco, pero el medallón cantaba más fuerte cada vez y era imposible detenerlo y me delataba con cada tonada hermosa lo que sin duda iba a ser mi crucifixión ante la alimaña que tenía delante.-

Acercó su pico acerado cerca de mi pecho y me vio directamente a los ojos, a la vez que comencé a sentir un extraño mareo.

-No temas, me dijo: Yo soy tu amigo, -arrancando violentamente el medallón que siguió cantando en su pico- Yo te enseñare como funciona este mundo, -tragándose el medallón esférico- pero tienes que dejar de fijarte en cosas como medallones cantores que no tienen ninguna validez real.

Me alegró que confirmara mi pensamiento, eso de los medallones y árboles con estrellas no me había gustado desde el principio, pero el pájaro dorado era sincero y me había regalado algo que sin pensarlo me hizo feliz un momento y no sabía porqué, pero me entristeció que quitara la joya de luz de mi pecho. Sin embargo la sola existencia de un medallón multicolor era repulsivo a mi inteligencia y lo que no existe debe ser basura inservible, así que lo dejé ir como ola que regresará en vaivén al profundo mar.

Después el pájaro negro me contó de las maravillas que podía tener si estaba cerca de él ya que sus consejos sabios me iluminarían por todos los caminos.

Una voz suave susurró en un tono muy cercano al silencio:
Así se olvida el hombre de la felicidad y de la verdadera humildad que reside en el corazón y deja que el orgullo ciegue sus ojos pequeños.
Pero algún día el medallón cantará dentro del pájaro negro hasta dejarlo exhausto y saldrá de su boca para cantar por siempre en nuestro pecho alegres melodías de colores.
Después desperté.












Carlos Cañas

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Publicado el: 22-03-2004
Última modificación: 00-00-0000


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Sueño con un canto de Ave.





Revolotea un pájaro de oro puro, ojos de rubí y alas tejidas en líneas redondeadas, como hecho por un maestro de la orfebrería. Se mueve y no es una maquina: como comúnmente se pensaría; sería entonces una maravilla de la vida, pues nunca se ha visto semejante cosa volando entre los árboles de pino que tienen estrellas cantando en la punta.

Que raro, porque no hay árboles con estrellas cantoras y sólo los niños tienen sueños así de raros y hace ratos que ya no hay niños por aquí. De todas formas estoy viendo a un pájaro de oro trinar una melodía feliz y una estrella bailar como corona de un pino. He de soñar entonces, como soñé aquella vez con aquel caballo blanco y con el dragón que quería devorarme y casi lo logra,- si que me escapé ese día, de suerte que me caí en el abismo que tenía enfrente. -Menos mal-.

El pájaro se acerca como para decirme algo en secreto y con su pico de alborada multicolor, multiplicando infinitamente las escalas coloridas, me dice: despierta, que lo de aquí es real, lo que dejas allá es fantasía. -¡Qué! No digas semejante barbaridad pájaro extraño (le dije asustado) como que no te das cuenta que sé que estoy soñando, pero me divierte no sabes cuanto
- ¿Que es lo que te divierte? -me dijo entonando nuevamente su voz de arpa de colores-

-Pues esas cosas raras que me cuentas: me hablas de esta realidad como si fuera la verdad y yo no te creo. Es más, cuéntame mejor otro relato que eso de conocer otros mundos ya está medio trillado, yo ya no me extraño de nada, ¿me entendiste pájaro dorado de pico de colores?

El pájaro abrió sus alas dejando ver un medallón también de oro puro pero con unos símbolos extraños nunca vistos por mí ni en mis más extraños sueños. Bueno era algo nuevo que de verdad no había visto, era asombroso: el pecho del pájaro entonaba una melodía de luz que dejaba ver los dibujos en notas finas, eran las notas musicales en arpegios cristalinos y no era eso algo creíble, pero en fin, en un sueño suceden toda clase de cosas extrañas.

-Te obsequio mi medallón –me susurró al oído-

-Bueno de todas formas esto no me lo llevo para mi mundo te lo digo con sinceridad, -seguro sería rico con un invento de estos pensé adentro de mí-
Gracias, eres un pájaro regalón y simpático. De todas formas no hay medallones que cantan – pensé en mis adentros-.

Después de colocarme el medallón cantor que cantaba con luz en mi pecho, sin saber porqué me sentí feliz, era un regalo en un sueño y a lo mejor al soñar de nuevo me lo podía colgar otra vez cerca del corazón (no se porque tuve esa vibrante sensación).

Me voy dijo el pájaro, que un gran pájaro negro me busca y no quiere que regale medallones cantores que entonan alegría. El no sabe de estas cosas, sabe demasiadas tonterías como para gozar de mis regalos.

Caminado feliz por el bosque, (El de los pinos con estrellas en la punta) me encontré con un pájaro negro inmensamente grande y de apariencia fiera, no obstante era bello, contrario a lo que se me hubiera ocurrido para tal clase de animal. Me miró con dos grandes ojos brillantes y me pregunto: -¿Has visto por casualidad un pequeño pájaro dorado?

-No, le dije – protegiendo desde luego a mi amigo pequeño, porque este pájaro sin duda se lo quería comer.-

-Mientes, ¿que nadie te enseño a decir la verdad? Yo digo siempre la verdad, Yo siempre tengo la razón ¿me has entendido?; aunque no te guste me oyes.- gritando en graznidos espeluznantes que de cierto me llenaron de miedo.

Bueno, dije yo temblando un poco.- después de la experiencia de la persecución del Dragón me quedaban pocas ganas de enfrentarme a otra cosa así de temible.- esta bien, como tu digas, pareces que eres el que manda por aquí ¿no es así?

-Así es, -con soberbia suprema- Yo mando aquí y tomo la forma que quiero y cuando quiero.

Me pareció extraño lo que dijo el pájaro y me pregunté que había sido del pequeño pajarillo, a lo mejor este pájaro se había transformado en algún insecto si era cierto lo que decía y había engañado al gorrioncillo dorado.

Bueno señor de estas tierras – le dije para quedar bien por supuesto-

-Sí, respondió, ¿que quieres saber?

-¿Para que me preguntas si encontré a la pequeña ave en mi camino? – Este tipo sin duda me va a gritar otra vez y ya no lo quiero oír, pensé.

Es molesto y nadie manda aquí más que yo – graznó el pájaro.

-Bueno ya es hora de despertar -le dije con firmeza- ya me tengo que ir.

- Adonde quieres ir ingenuo, (cómo que sabía con certeza que el pajarillo me había hecho un regalo) si me tienes que devolver ese medallón que llevas puesto.-

- ¿Cual?, - disimulando un poco, pero el medallón cantaba más fuerte cada vez y era imposible detenerlo y me delataba con cada tonada hermosa lo que sin duda iba a ser mi crucifixión ante la alimaña que tenía delante.-

Acercó su pico acerado cerca de mi pecho y me vio directamente a los ojos, a la vez que comencé a sentir un extraño mareo.

-No temas, me dijo: Yo soy tu amigo, -arrancando violentamente el medallón que siguió cantando en su pico- Yo te enseñare como funciona este mundo, -tragándose el medallón esférico- pero tienes que dejar de fijarte en cosas como medallones cantores que no tienen ninguna validez real.

Me alegró que confirmara mi pensamiento, eso de los medallones y árboles con estrellas no me había gustado desde el principio, pero el pájaro dorado era sincero y me había regalado algo que sin pensarlo me hizo feliz un momento y no sabía porqué, pero me entristeció que quitara la joya de luz de mi pecho. Sin embargo la sola existencia de un medallón multicolor era repulsivo a mi inteligencia y lo que no existe debe ser basura inservible, así que lo dejé ir como ola que regresará en vaivén al profundo mar.

Después el pájaro negro me contó de las maravillas que podía tener si estaba cerca de él ya que sus consejos sabios me iluminarían por todos los caminos.

Una voz suave susurró en un tono muy cercano al silencio:
Así se olvida el hombre de la felicidad y de la verdadera humildad que reside en el corazón y deja que el orgullo ciegue sus ojos pequeños.
Pero algún día el medallón cantará dentro del pájaro negro hasta dejarlo exhausto y saldrá de su boca para cantar por siempre en nuestro pecho alegres melodías de colores.
Después desperté.












Carlos Cañas

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Publicado el: 22-03-2004
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