portal de la poesía virtual
portal de la poesía virtual

Migbet


ver poemario de Migbet
ver cuentos y ensayos de Migbet

Inolvidable

Me siento nostálgica, los recuerdos de ayer se atropellan en mi mente y las ganas de escuchar música, de regodearme en algún bolero se me hace urgente y entonces coloco al azar, alguno de los CD que siempre tengo al lado del equipo de sonido. Corre la música y es la voz de Chucho Avellanet la que inunda los espacios con una canción que trae a mi mente mil recuerdos amados...

“En la vida hay amores que nunca pueden olvidarse,
imborrables momentos que siempre guarda el corazón,
porque aquello que un día nos hizo temblar de alegría,
es mentira que hoy pueda olvidarse con un nuevo amor”

Y te recordé Carlos Luís y recordé los años que vivimos juntos, recordé el día que me dijiste te amo, el día que tomando mis manos entre las tuyas, me pediste me casara contigo. Recordé el día de nuestra boda y las promesas ante el altar.
Pasaron los años y fuimos haciendo, fuimos construyendo la vida en un hogar. En ese transcurrir la vida te vi sonriendo y alegre ante tanta ocurrencia de tu mujer, me vi haciéndote mil travesuras para que enojado luego, pudiera caer en tus brazos y quedarnos después quietos contando las estrellas en el cielo que nos cobijaba y que veíamos a través de la ventana desnuda de nuestra habitación

Así fueron pasando los días, el trabajo diario de los dos y los hijos y la crianza y el pasar de todo. Así... un día tras otro convertidos en rutina, en una monotonía al principio imperceptible y luego cargante, que pesaba un mundo. Ya las sonrisas no fueron las mismas, las travesuras se fueron quedando por el camino de la convivencia y ya la cortina que cubría ahora a la ventana de la habitación, no dejaba ver el cielo estrellado.

Un día tú y yo decidimos que un solo televisor en nuestra habitación no bastaba, que si tus programas, que si los míos, que si la luz encendida, que si por qué no lees ese libro tan largo afuera, en la sala o en otra parte, que si roncas, que si me quitas la cobija y paso frío y me empujas y... “mira mejor me mudo para el cuarto que tenemos para las visitas” y así, compró su TV y sus cosas salieron de la habitación de los dos.
Poco a poco nos fuimos dando cuenta que ya no nos llenaban las mismas cosas y que el amor y los deseos y la pasión se nos había agotado en las ilusiones que quizás nunca llegaron a realizarse, porque las dejamos para después, para mañana, para cuando hubiera el dinero o para cuando los muchachos fueran grandes. Y, nos convertimos de pronto en amigos y no amantes llegando el partir y la separación y el decir adiós.

La música seguía sonando y en mis ojos cerrados toda una vida vivida en veinte años contigo, seguía pasando y los cinco que sin ti han pasado ya.

“He besado otras bocas buscando nuevas ansiedades
y otros brazos extraños me estrechan llenos de emoción,
pero sólo consiguen hacerme recordar los tuyos,
que inolvidablemente vivirán en mí”

De repente, un grito y los ojos los abro y se me quedan como si fueran platos y salgo de la ensoñación del momento... “¡mamá!, ¿dónde me pusiste la camisa celeste que combina con este pantalón?
¿me lavaste los calcetines que te pedí? ¡Mamá! ” y en el pasillo, ante la puerta del apartamento, la voz del enanito que grita, ¡Abela, abela! y la tropa que entra y las risas y los besos y las bendiciones, y, entonces Carlos Luís, una sonrisa nueva aflora a mis labios y aunque no estás, tu ausencia se hace presente y eres otra vez el inolvidable amor que me dejó los regalos más grandes de la vida y la eternidad sobre la tierra.

Al llegar aquí tengo que decirles que esta historia es tan común como cualquier otra que pasa a cada rato, pero que si alguna pareja que lee este cuento está en la etapa de poder recobrar lo que se va perdiendo, no lo duden, saquen el televisor del cuarto, corran las cortinas, recuperen la capacidad del asombro que antes tenían, miren a su alrededor y piensen en el presente que están viviendo valorando la compañía que se tienen en la familia que son, en la pareja que son, compartiendo cada maravilla que van encontrando en el camino de la vida, respiren hondo, sientan en la piel las vibraciones del roce del deseo, comuníquense, hablen de todo lo que les pasa, no se queden con nada guardado: una rabia, un recelo, un no me gusta esto o no me gustó aquello, o un: ¡qué maravilla de cena! ¡qué detalle el de tus flores!, ¡qué bien, recordaste el llavero que quería y la pluma que esperaba!... pero sobre todo, nunca permitan que se pierda la ilusión... y no dejen nada para después.


Migdalia B. Mansilla R.
Fecha: cuando se me ocurre escribir relatos que parecen ciertos en mi vida.
Septiembre 07 de 2003


Migbet

Copyright © Todos los derechos reservados.

Publicado el: 12-09-2003
Última modificación: 31-03-2004


regresar




libro de visitas

ver firmar






Copyright © 2001-2003 Comunidad Poética Inc. Todos los derechos reservados.
Copyright © 2001-2003 Poetic Community Inc. Worldwide Copyrights.


Inolvidable

Me siento nostálgica, los recuerdos de ayer se atropellan en mi mente y las ganas de escuchar música, de regodearme en algún bolero se me hace urgente y entonces coloco al azar, alguno de los CD que siempre tengo al lado del equipo de sonido. Corre la música y es la voz de Chucho Avellanet la que inunda los espacios con una canción que trae a mi mente mil recuerdos amados...

“En la vida hay amores que nunca pueden olvidarse,
imborrables momentos que siempre guarda el corazón,
porque aquello que un día nos hizo temblar de alegría,
es mentira que hoy pueda olvidarse con un nuevo amor”

Y te recordé Carlos Luís y recordé los años que vivimos juntos, recordé el día que me dijiste te amo, el día que tomando mis manos entre las tuyas, me pediste me casara contigo. Recordé el día de nuestra boda y las promesas ante el altar.
Pasaron los años y fuimos haciendo, fuimos construyendo la vida en un hogar. En ese transcurrir la vida te vi sonriendo y alegre ante tanta ocurrencia de tu mujer, me vi haciéndote mil travesuras para que enojado luego, pudiera caer en tus brazos y quedarnos después quietos contando las estrellas en el cielo que nos cobijaba y que veíamos a través de la ventana desnuda de nuestra habitación

Así fueron pasando los días, el trabajo diario de los dos y los hijos y la crianza y el pasar de todo. Así... un día tras otro convertidos en rutina, en una monotonía al principio imperceptible y luego cargante, que pesaba un mundo. Ya las sonrisas no fueron las mismas, las travesuras se fueron quedando por el camino de la convivencia y ya la cortina que cubría ahora a la ventana de la habitación, no dejaba ver el cielo estrellado.

Un día tú y yo decidimos que un solo televisor en nuestra habitación no bastaba, que si tus programas, que si los míos, que si la luz encendida, que si por qué no lees ese libro tan largo afuera, en la sala o en otra parte, que si roncas, que si me quitas la cobija y paso frío y me empujas y... “mira mejor me mudo para el cuarto que tenemos para las visitas” y así, compró su TV y sus cosas salieron de la habitación de los dos.
Poco a poco nos fuimos dando cuenta que ya no nos llenaban las mismas cosas y que el amor y los deseos y la pasión se nos había agotado en las ilusiones que quizás nunca llegaron a realizarse, porque las dejamos para después, para mañana, para cuando hubiera el dinero o para cuando los muchachos fueran grandes. Y, nos convertimos de pronto en amigos y no amantes llegando el partir y la separación y el decir adiós.

La música seguía sonando y en mis ojos cerrados toda una vida vivida en veinte años contigo, seguía pasando y los cinco que sin ti han pasado ya.

“He besado otras bocas buscando nuevas ansiedades
y otros brazos extraños me estrechan llenos de emoción,
pero sólo consiguen hacerme recordar los tuyos,
que inolvidablemente vivirán en mí”

De repente, un grito y los ojos los abro y se me quedan como si fueran platos y salgo de la ensoñación del momento... “¡mamá!, ¿dónde me pusiste la camisa celeste que combina con este pantalón?
¿me lavaste los calcetines que te pedí? ¡Mamá! ” y en el pasillo, ante la puerta del apartamento, la voz del enanito que grita, ¡Abela, abela! y la tropa que entra y las risas y los besos y las bendiciones, y, entonces Carlos Luís, una sonrisa nueva aflora a mis labios y aunque no estás, tu ausencia se hace presente y eres otra vez el inolvidable amor que me dejó los regalos más grandes de la vida y la eternidad sobre la tierra.

Al llegar aquí tengo que decirles que esta historia es tan común como cualquier otra que pasa a cada rato, pero que si alguna pareja que lee este cuento está en la etapa de poder recobrar lo que se va perdiendo, no lo duden, saquen el televisor del cuarto, corran las cortinas, recuperen la capacidad del asombro que antes tenían, miren a su alrededor y piensen en el presente que están viviendo valorando la compañía que se tienen en la familia que son, en la pareja que son, compartiendo cada maravilla que van encontrando en el camino de la vida, respiren hondo, sientan en la piel las vibraciones del roce del deseo, comuníquense, hablen de todo lo que les pasa, no se queden con nada guardado: una rabia, un recelo, un no me gusta esto o no me gustó aquello, o un: ¡qué maravilla de cena! ¡qué detalle el de tus flores!, ¡qué bien, recordaste el llavero que quería y la pluma que esperaba!... pero sobre todo, nunca permitan que se pierda la ilusión... y no dejen nada para después.


Migdalia B. Mansilla R.
Fecha: cuando se me ocurre escribir relatos que parecen ciertos en mi vida.
Septiembre 07 de 2003


Migbet

Copyright © Todos los derechos reservados.

Publicado el: 12-09-2003
Última modificación: 31-03-2004


regresar



Página vista 241729 veces.