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De historias grabadas en la piel

Me encontraba en una de esas "colas" inmensas que se forman en los Bancos, sobre todo, en días de pago fijo a trabajadores activos o a jubilados o a pensionados, de todos los ministerios posibles existentes; sí, allí estaba tratando de pensar en mil cosas agradables, lanzando frases, a ver si mis compañeros de fila seguían para comenzar alguna conversación y hacer así, más llevadera la espera. En eso alcancé a oir a una pareja de jóvenes que hablaban de relaciones amorosas, eso no tendría nada de extraño y hubiese pasado desapercibido a mis oídos a no ser porque escuché lo siguiente: " es que no se porque se casan, será para estarse mirando las caras, porque a sus edades, creo que de lo otro, nada de nada"...
De pronto, algunos de esos llamados de edad, los cuales eramos mayoría, nos miramos y una sonrisa de complicidad silenciosa se hizo presente en todos, y así sin poderlo evitar, seguimos conociendo la historia de esa pareja aludida; y es que en esas filas tan grandes,donde estamos muy juntos, casi apretados, difícil es no escuchar al otro. Así que los jóvenes sin percatarse del tono de sus voces, siguieron enterándonos de las intimidades de esa "extraña pareja" que no tenía según ellos, el derecho de unirse en matrimonio..."pero es que Lucía, díme para qué se casan, son unos viejos de cincuenta y tantos años, ¡por favor!, seguro que la luna de miel, será para jugar cartas en la cama"..
Aquí no resistí y miré a la pareja, ciertamente jóvenes, ciertamente ligeros en su razonar. De repente pensé en esos "viejos de cincuenta y tantos años", según ellos, incapaces de sentir y hacer el amor. Y pensé en todas las historias que tengo grabadas en mi piel y en las historias que de seguro, todos ustedes tendrán grabadas en sus propias pieles.
No tuve que salir corriendo a mirarme en un espejo para saber cómo me veo, cómo luzco. Se cómo me veo y cómo luzco, pero lo más importante es que se cómo me siento. Y me siento Viva, Vital, no necesito cambiar el órden de los números que suman mis años, 51, para sentirme de 15 o los próximos 52 para que sean 25. No, me siento como una mujer de 51, que si la pinchan con una aguja, siente, que si la pellizcan, pega un salto y grita porque siente dolor en su carne. De igual manera, una caricia, un abrazo, un beso, también me hace sentir, porque estoy viva. Seguí pensando en los jóvenes de hoy que viven en la carrera de sentirlo todo ya...y recordé mis años de ayer y me vi corriendo también. Pero hoy, si me escucharan los jóvenes les diría: puede ser que en esa luna de miel haya un juego de cartas sobre la cama, pero para llegar a ese juego de cartas, tuvieron que pasar años, de conocerse a uno mismo, de crecer, de sentir que ese momento es mágico, que llega porque la pasión aunque intensa es sosegada, sin prisas, sin angustias, sin esperas de grandiosidades, sólo estar y sentir que ahora no es sólo la entrega de unos cuerpos o el saciar instintos por ser hombre y mujer del reino animal. Es la fusión de dos seres que esperan, quieren y asumen el terminar, quizás de sus vidas, en un mismo camino, en una misma querencia, en un sólo amor.
Es más de paz el sentir, es más de compartir y complacer y más de ser el uno para el otro.
No somos a esta edad y a ninguna otra, eunucos para el amor.
Vivamos grabando la historia de nuestro gran amor en la piel que nos queda hasta el último día de existencia, que luego, las mismas historias serán recordadas como las historias del alma que vivimos en la vida que nos tocó vivir.



Migdalia Mansilla Rojas
03/02/2002






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Publicado el: 22-04-2003
Última modificación: 00-00-0000


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