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Daniel Adrián Madeiro


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VISION I

Vi toda la tierra surcada por unos caminos muy largos, anchos y grises. Algunos estaban sostenidos por enormes columnas que se acercaban a la bóveda del cielo.
Sobre los caminos había unos monstruos brillantes, de distintos colores y formas, que corrían muy fuerte en todas las direcciones.
Sentí mi corazón agitarse por la visión.
Yo veía la gran muchedumbre de monstruos corriendo juntos y no entendía porque no se peleaban entre sí ni hacia donde iban.
De repente vi algunos, apartados al costado, que parecían haberse enfrentado en lucha. Partes de sus cuerpos estaban dispersas en la cercanías. En ese momento pude apreciar algo parecido a dos pares de alas a sus costados. Algunos las tenían abiertas, otros las mantenían pegadas al cuerpo. Se podía advertir que algunas bestias estaban heridas porque salía sangre desde su interior.
Los ojos de los monstruos despedían un fuerte resplandor, como la luz del sol cuando se refleja en el lago. Y yo no podía verlos sin encandilarme. La luz de sus ojos llegaba a mucha distancia por delante de ellos.
Vi sus patas, negras y redondas. Se movían muy veloces y, mientras lo hacían, se escuchaban sus rugidos que eran más fuerte que los de un león.
Casi siempre se movían hacia delante, siguiendo la dirección del camino; pero algunas veces lo hacían hacia atrás sin necesidad de girar; eran como un hombre que se moviera de espaldas.
A veces, aunque se encontraran quietas, se escuchaba su rugido. Parecía que unas a otras se estaban diciendo algo antes de empezar a correr nuevamente.
De sus colas salían unos vapores con un olor parecido al del carbón y el azufre quemándose juntos.
Y un ángel me llevó a un lugar donde había algunos de esos monstruos encerrados tras algo parecido a unas cortinas de agua, transparentes, frías y sólidas. Al ver los monstruos tuve miedo, pero el ángel me dijo que estaban dormidos. Le pregunté sobre la extraña cortina y me dijo que tuviera cuidado con ella para no lastimarme, porque era frágil y podía romperse con un golpe fuerte.
Allí se veía a los monstruos descansando. Sus ojos no tenían aquel resplandor pero sus cuerpos estaban más brillantes.
Sobre la prisión en la que estaban podían verse una escritura que yo no entendía. Y el ángel me dijo que ese era el nombre de los monstruos y me pidió que lo anotara: Autos.


Daniel Adrián Madeiro

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Publicado el: 17-10-2002
Última modificación: 00-00-0000


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